El niño que comía lana


        «Pacheco era el tonto del pueblo que, en realidad, era el más listo del pueblo».
        Así empieza el antepenúltimo cuento de «El niño que comía lana», de Cristina Sánchez-Andrade.
        El relato se titula «El Pacheco» y es mi favorito.
        Todos los cuentos están recorridos por una atmósfera rural, gallega, de España profunda. En ellos se confunde la crueldad con la ternura, lo mágico con lo terrible, y algunos personajes, todos fascinantes, van reapareciendo. Lo que le da una composición tácita al libro.
        En «El Pachecho», un relato nostálgico con un giro final contenido en la primera línea, el protagonista se encuentra a Elena, ambos son adultos y no se ven desde hace años. Deciden ir a tomar un café y rememorar el verano de la adolescencia en el que fueron novios, él no recuerda nada de lo que vivieron juntos, solo recuerda la mirada de Pacheco.
        El universo de Cristina Sánchez-Andrade es uno de los mejores lugares que conocí en el 2020.