Cuarentena

Día uno



Bueno. Llegó el primer día de confinamiento. La verdad es que se veía venir desde el domingo pasado, cuando empezaron los comunicados apocalípticos. Tengo sentimientos encontrados. Por un lado, mi vida laboral pende de un hilo, pero, por otra parte, qué decirles, veo una gran oportunidad de escribir y leer como un desquiciado y sacar algunas cosas en claro respecto a mi futuro camarero/escritor. ¿Habrá llegado el momento de inocular el virus de la duda al organismo de mi statu quo?
        La cuarentena del coronavirus parece el desencadenante de esta historia. Perderé algunos euros quedándome en casa, pero tendré tiempo de sobra para desplegar mi creatividad narrativa. Pero, ¿y cuando termine?, ¿seré el mismo?, ¿volveré al trabajo?
        En el primer día de un viaje extraño, habiéndose roto la normalidad de una vida, aparece el personaje deambulando por su casa, yendo de la cocina al balcón, abriendo la página de El País y la del Facebook. Se gira de tanto en tanto y ve a la señorita S dormir la siesta. Luego vuelve a abrir Word y le sobrecoge la página en blanco. Día uno. Página en blanco. Virus de la duda inoculado y subiendo a la sien a quinientos kilómetros por hora. Toda historia descansa en el esquema de objetivo y resistencia.
        En casa por un virus pandémico.
        ¿No era lo que querías?
        El personaje teclea «la». Empieza a escribir. Borra. Escribe «cuando».