Decir y mostrar



Una de las razones por las que escribo historias es porque soy adicto a mostrar mis emociones a través de lo que estoy contando.
        Decir «estoy triste» es un atajo trillado y no genera el mismo impacto que contar cómo es que iba imaginando el regreso a casa, después de un duro día de trabajo; cómo es que iba imaginando cómo el viento silbaría en mis oídos montado encima de mi bicicleta nueva, que yo pensaba aparcada a solo unos metros. Y cómo esa proyección se hizo añicos cuando vi que me la habían robado.
        Es que puedo oír el suspiro de mis lectores, puedo oírlos exclamar: ¡Qué pena! Mientras camino a casa llorando como un palurdo.
Mostrar con palabras, como ves, no es lo mismo que decir.