Construcción de personaje



Cuando construimos un personaje debemos tener en cuenta la diferencia entre la caracterización y la esencia del mismo.
        Cuando hablamos de caracterización nos referimos a todas esas cualidades que podemos ver.
        Por ejemplo, tiene barba, tiene voz gruesa, es calvo, escupe en la calle y la boca le huele a cebolla.
        Cuando hablamos de la esencia del personaje nos referimos a lo que éste hace en determinadas situaciones (cuanto más límite mejor).
        Por ejemplo, si mostramos a este personaje barbudo y encebollado, agacharse en una esquina, recoger a una paloma herida y acariciarla sentado en una banca mientras llora, nos haremos una idea más clara de quién es.
        En este sentido, la trama de nuestras historias nos ayuda a presionar a los personajes, buscarles las cosquillas y ponerlos en situación para que reaccionen y nos muestren de qué están hechos. Así aflora el personaje y se convierte en una verdadera metáfora de la vida humana.
        Por eso, para construirlos, combinamos sus características, que —por lo general— responden a arquetipos; y luego nos preguntamos: ¿Qué harían en determinada situación?
        La respuesta es lo que les hace únicos.